¡Importante! Impulsemos un envejecimiento activo y saludable

¡Me estreno en el blog de Hagoan Nutrizioa eta Osasuna! Y me estreno hablando sobre adultos mayores, estado nutricional, masa muscular y hospitalización. Temas que se abordan en mi tesis doctoral y por tanto a las que me he dedicado durante estos últimos años.

Con el aumento de la prevalencia de sobrepeso y obesidad, sobre todo en edad infantil (¡Lide habla sobre esto en su estreno en el blog!), se ha hecho mucho hincapié en la importancia de comenzar desde la infancia en inculcar hábitos de vida saludable, ya que el estado nutricional y la condición física en estas edades puede determinar en parte nuestra salud en la edad adulta.

Sin embargo, tengo la sensación de que, aunque cada vez somos más conscientes, cuando entramos ya en la edad adulta nos preocupamos por el impacto de nuestros hábitos de vida cuando llega una condición clínica ya sea aguda o crónica y afecta nuestra calidad de vida, ¡lo cual es lógico!

Pero, si no se dan esas condiciones (¡mejor que mejor!) no somos del todo conscientes del impacto que puede tener nuestro tipo de alimentación y/o la falta de actividad física en nuestro proceso de envejecimiento, y es que envejecer es algo que está ocurriendo ya, no lo vamos a poder evitar.

Por lo tanto, al igual que es importante comenzar en la edad infantil con hábitos de vida saludable, es igual de importante trabajar durante nuestra adultez en garantizarnos una vejez saludable y con calidad de vida.

Sabemos que la pirámide poblacional se está invirtiendo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en 2050 se duplicará el número de personas mayores de 60 años o más (1).

Sin embargo, la mejora en la esperanza de vida no coincide con la mejora en la calidad de vida. Un estudio realizado en 14 países europeos mostró que el 50% de las personas de 65 años o mayores convivía por lo menos con 2 enfermedades crónicas o más (2).

Esto puede deberse en parte al propio proceso de envejecimiento que conlleva muchos cambios biológicos y fisiológicos que hacen que los adultos mayores sean más vulnerables de cara al desarrollo de enfermedades agudas y/o crónicas, y por tanto a la hospitalización. Aunque el proceso de envejecimiento es inevitable, sí que podemos incidir en “cómo envejecemos” mediante los factores de estilo de vida, entre otros. Aquí es donde entra la importancia de la nutrición y el ejercicio físico.

Cada vez existe más evidencia científica que relaciona la nutrición con la masa muscular, la fuerza y la función física en los adultos mayores. Un mal estado nutricional puede derivar en malnutrición y una de sus consecuencias más críticas es la pérdida de masa muscular.

Además, si a esto le añadimos la pérdida fisiológica de la masa y fuerza muscular que ocurre con la edad, se agrava la situación limitando nuestra calidad de vida. Actividades sencillas del día a día, cómo vestirse, levantarse de una silla, caminar, ir a la compra etc. pueden verse afectadas por esa debilidad muscular que ocurre con la pérdida progresiva de la masa muscular, y a su vez también aumenta el riesgo tanto de hospitalización como de un peor pronóstico clínico y/o de mortalidad.

Aunque nos pueda parecer que la malnutrición es algo que ocurre con mayor prevalencia en países menos desarrollados, un estudio realizado en Europa observó que el 23% de los adultos mayores estaba en riesgo de malnutrición (3).

Es más, un estudio realizado en Toledo observó que el 15% y el 12.6% de los adultos mayores que fueron evaluados, estaban en riesgo de malnutrición o malnutridos, respectivamente (4). Pero, es que, acercándonos todavía más a nuestro entorno en el País Vasco, durante mi tesis doctoral realizamos una valoración del estado nutricional de aquellos adultos mayores de 75 años o más, que ingresaban en el servicio de medicina interna del Hospital de Santiago en Vitoria-Gasteiz y observamos que alrededor del 66% estaba en riesgo de malnutrición o malnutrido durante la hospitalización (5).

La causa de la malnutrición puede ser multifactorial, es decir, contribuyen diferentes factores a ello, pero independientemente de la causa, estar en riesgo de malnutrición o malnutrido durante la hospitalización se asocia con estancias hospitalarias más largas, mayor riesgo de reingreso, y afecta negativamente a la recuperación tras cualquier condición clínica, ya sea una enfermedad, intervención quirúrgica o fractura.

Y qué decir de la importancia que tiene intentar mantener la masa muscular lo máximo posible en estas circunstancias, lo cual se complica tanto por el estado nutricional, así como por la tendencia a la inmovilidad durante una hospitalización.

Todo esto alimenta un círculo vicioso que no hace más que ir poco a poco empeorando nuestra calidad de vida.  

Por lo tanto, en esta primera entrada en el blog quiero concluir enfatizando, sobre todo, la importancia que tiene trabajar en nuestros hábitos de vida para que éstos sean saludables y así garantizar nuestro estado nutricional y condición física lo máximo posible a lo largo de nuestra vida.

Todo ello con el objetivo de alcanzar una vejez con la mejor calidad de vida y vitalidad para afrontar cualquier circunstancia que pueda ocurrir.

En este sentido el ejercicio de fuerza se convierte en nuestro mejor aliado y en cuanto a la nutrición puede que, en ciertos momentos y según la casuística de cada uno/a, haya que hacer especial hincapié en el aporte proteico.

Así, sin hacer spoiler de futuras entradas en el blog, me despido hasta la siguiente, ¡por un envejecimiento activo y saludable!

REFERENCIAS

(1)World Health Organization. Ageing and health. 2021 2021. https://www.who.int/newsroom/fact-sheets/detail/ageing-and-health.
(2)Sheridan PE, Mair CA, Quinõnes AR. Associations between prevalent multimorbidity combinations and prospective disability and self-rated health among older adults in Europe. BMC Geriatr 2019;19:1–10. https://doi.org/10.1186/s12877-019-1214-z.
(3)Leij-Halfwerk S, Verwijs MH, van Houdt S, Borkent JW, Guaitoli PR, Pelgrim T, et al. Prevalence of protein-energy malnutrition risk in European older adults in community, residential and hospital settings, according to 22 malnutrition screening tools validated for use in adults ≥65 years: A systematic review and meta-analysis. Maturitas 2019;126:80–9. https://doi.org/10.1016/j.maturitas.2019.05.006.
(4)Rodríguez-Sánchez B, Sulo S, Carnicero JA, Rueda R, Rodríguez-Mañas L. Malnutrition prevalence and burden on healthcare resource use among spanish community-living older adults: Results of a longitudinal analysis. Clin Outcomes Res 2020;12:355–67. https://doi.org/10.2147/CEOR.S256671.
(5)Amasene M, Besga A, Medrano M, Urquiza M, Rodriguez-Larrad A, Tobalina I, Barroso J, Irazusta J, Labayen I. Nutritional status and physical performance using handgrip and SPPB tests in hospitalized older adults. Clinical Nutrition 2021;40:5547-5555. https://doi.org/10.1016/j.clnu.2021.09.034.